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- Palabras
No creo que sea un don, ni tan siquiera una virtud, pero tengo la rara capacidad de recordar el momento justo en el que aprendí una palabra. Como esas madres que saben a ciencia cierta lo que sucedía cuando su bebé pronunció por primera vez una serie de letras que, juntas, podían llegar a adquirir algún significado, yo sé dónde, cómo y cuándo se produjo la ocasión original para escuchar 'orbe'. Sé que fue el fruto de un ridículo al que me vi relegada ante el profesor de turno, igual que la 'taquipsiquia' se hizo hueco en mi memoria desde aquel encuentro con un artista con el que me sentí extrañamente identificada. También sé que 'cogüelmo' y 'porfiar' son palabras de café matutino, a veces con un chorrito de orujo, y que 'patíbulo' lo oí de la boca del padre de una colega, cuando citó socarrón el título de una película. Que 'cluecas' están algunas gallinas porque a mi abuela le preocupan mucho la gesta del animal en cuestión y el precio de sus huevos. Que 'asueto', 'iniquidad', 'frazada - Judit Merayo Barredo: "Cambiar de oncólogo cada poco es perjudicial para el paciente, porque necesita estabilidad"
Busca llevar la Psicología "desde su parte más humana" y, en esa intención, se encontró incluso a sí misma con un tema que le preocupaba y que tiene que ver con su propia historia. El cáncer le tocó de cerca, en casa, y eso le hizo pensar en la importancia de arropar al enfermo y a la familia desde su parcela. Es algo sobre lo que lleva tiempo trabajando y, desde hace cuatro meses, lo hace desde Ponferrada, después de pasar por Madrid y decidir una vuelta a casa con esa perspectiva que quiere difundir. Lo hace ahora al lado de Oncobierzo, una plataforma a la que sigue y que considera necesaria para tender ese abrazo que necesitan los pacientes más vulnerables y sus familias, esos que un día escuchan un diagnóstico que les hace temblar y que necesitan un empuje para no sucumbir ante todo lo que conlleva. Ahora Judit quiere ayudar a esos pacientes compartiendo con ellos y sus acompañantes una charla —el próximo día 21 de abril en La Térmica Cultural— desde la que ofrecer un camino de gestión de - La política del cubilete
Del lema popularizado históricamente, referido a nuestros Reyes Católicos, «tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando», hemos pasado, cinco siglos después, al «tanto miente, miente tanto, María como Pedro». Lo sé, no rima igual de bien la versión actual, pero es que el mensaje de uno y otro es antagónico. También soy consciente de que los vasallos utilizarán la excusa barata y pueril de que sus amados líderes no mienten, sino que cambian de opinión. Sin olvidarnos tampoco del comodín añadido de que hacer política es cabalgar en contradicciones. No soy yo nadie para juzgar a quienes les convenzan estos dos argumentos para así poder dormir tranquilos y evitar que su conciencia les impida pegar ojo, pero un servidor no les va a comprar ese argumento ni a María ni a Pedro. Y lo hago porque creo que la coherencia debe regir la conducta de cada uno en la vida que le toca vivir. Claro, utilizar conceptos como principios o valores cuando entramos en el barro de la política puede entenderse como - Hodio
El pasado mes de marzo el Gobierno de España creó una nueva herramienta gestionada por IA para medir el odio en redes sociales, con el fin de identificar a posibles odiadores, personas racistas, xenófobas, homófobas o practicantes de diversos tipos de fobias a través de sus discursos en redes sociales, con el fin de perseguir estas conductas y castigarlas. Más polarizados no podemos estar. Quien se salga del relato oficial e intente exprimir su pensamiento crítico, pensar por sí mismo y razonar confrontando información, sepa que corre peligro severo de cancelación social. Opinar se ha convertido en una conducta de alto riesgo. Por supuesto que no se puede ofender a nadie desde ese anonimato de la red que tanto valentón de pacotilla ha sacado a la palestra, pero la barrera que separa los sentimientos de la libertad de expresión es una línea muy fina. No son las palabras, en muchas ocasiones, las que transmiten desprecio, sino el tono y la intención con que son dichas. Por otro lado, me causa cierta p - Por qué seguimos marchando cada 8 de marzo
Cada año, cuando se acerca el 8 de marzo, alguien pregunta: «¿y todavía hace falta?». Como si las calles llenas de mujeres y hombres que reclaman igualdad fueran un capricho, una moda pasajera o una repetición innecesaria. Seguimos marchando porque, aunque hemos avanzado mucho, la desigualdad sigue ahí. Porque las brechas salariales aún existen, porque el techo de cristal todavía pesa, porque los cuidados siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres. Seguimos marchando porque cada día aparecen titulares de violencia machista, porque aún hay mujeres que tienen miedo de volver solas a casa de noche, porque demasiadas callan lo que les duele por no ser juzgadas. Marchamos también por memoria. Por las que lucharon antes que nosotras, cuando levantar la voz costaba cárcel, ostracismo o desprecio. Por esas maestras depuradas, esas obreras en huelga, esas mujeres que se atrevieron a reclamar voto, estudio o dignidad. Ellas nos abrieron camino: salir a la calle cada 8 de marzo es agradecerles y continuar
12/11/2002 