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- Cendón en otra época no habría repetido escaño
Los gatos tienen siete vidas y los políticos, también. Recuerdo cuando Pedro Sánchez resucitó de entre los muertos para consagrarse como un político de raza, capaz de sobreponerse a la incertidumbre de las cacerías. Antes de su llegada a Ferraz, la política era una trituradora de carne humana: en cuanto alguien caía por el despeñadero, se convertía de inmediato en pasto de la maquinaria cainita de los partidos. Hoy, gracias a él, la política ya no destruye; es más bien un limbo en el que los dirigentes se han vuelto inmunes al pecado, instalados en un estado catatónico donde ni sienten la euforia del cielo ni se queman en el fuego del infierno. Antaño, cuando un político se codeaba con el apestado de turno, era apartado de inmediato: se consideraba contaminado por la misma afección que había podrido la vida pública del «paciente cero». Ahora, en cambio, se despliega una suerte de cordón sanitario que aísla al propio señalado para blindar al resto. Miren, si no, al que fuera presidente de l - Paolo Rumiz y el hilo invisible que todavía une Europa
En El hilo infinito, Paolo Rumiz emprende un viaje físico y espiritual por las raíces de Europa siguiendo un hilo tan invisible como poderoso: el que une los antiguos monasterios benedictinos. Un hilo que sobrevive a las distancias y a los muros y que, como sugiere el propio autor, puede contener un infinito incluso en una simple brizna de hierba. Escritor y viajero nacido en Trieste, Rumiz recorre Europa en busca de sus raíces cristianas y culturales. El viaje lo lleva desde Italia hasta Francia, Bélgica, Suiza, Alemania, Austria, Hungría, Polonia, Irlanda, España —con especial atención a Cataluña y Montserrat— y «el Portugal oceánico, un lugar perfecto para los escritores». Pero el itinerario no es únicamente geográfico. Es también una navegación interior que transforma la mirada del viajero. El laico que partió, reconoce Rumiz, se siente a su regreso «un poco más cristiano y, sobre todo, más europeo que antes». Su propósito es comprender Europa desde sus márgenes. Para ello hay que al - La rabia en las calles, el miedo en las casas
El otoño ha llegado con una convocatoria de elecciones generales que, aunque esperada desde hace tiempo, no ha dejado de causar cierta confusión. Confusión a izquierda y a derecha, todo hay que decirlo. Miedo también. Miedo a no ganar de los que creen que esta vez sí van a ganar y miedo a perder de los que no quieren creer que puedan perder. Todo parece sujeto a cierta fragilidad, a cierto temor, a cierta bruma en los ojos, por más que las encuestas digan lo que dicen, y por más que muchos den a Sánchez por amortizado, después de la dureza extraordinaria de los últimos meses. Las vísceras de las aves, leídas por los augures y arúspices monclovitas, dijeron que había hueco para ganar las elecciones, y en habiendo hueco… Tuvo que ser así, porque Sánchez emergió del reflexivo fin de semana con la convocatoria para finales de noviembre, ese mes funerario y anodino, si no fuera por el vino y las castañas. Emergió Sánchez con los higadillos leídos, pues aseguraban los romanos y los etruscos que e - Diálogos con el pasado, 5 (El miedo de Julio)
Estos días hemos asistido a la conmemoración de la concesión al escritor leonés, Julio Llamazares, del Premio Nacional de Narrativa por su libro 'El viaje de mi padre' en el que recorre él mismo el que hiciera su padre, un joven estudiante de magisterio, en el año 36, para alistarse como soldado de trasmisiones en el ejército rebelde. Literariamente hablando, una empresa un tanto complicada, con la distancia de 90 años transcurridos de aquella. No se trata, pues, de un pasado propio (pues él no había nacido) sino del pasado común o colectivo con el que también debemos dialogar, naturalmente. Pero, literariamente es más difícil que dialogar con el pasado propio. Aunque la maestría de «nuestro» Julio nos demuestra, una vez más, su facilidad para convertir en arte todo cuanto toca. Su experiencia ha sido determinante. Primero hubo de lidiar con un pasado de niñez cercenada al basar sus poemas en Vegamián, donde naciera y viviera dos años, que fuera inundada por un pantano obligando a la gente a - El Bierzo necesita otra Mirada
Hay una forma de contemplar El Bierzo que consiste en detenerse ante sus montañas y dejar que la mirada recorra lentamente el horizonte. Desde muchos lugares, la comarca parece un inmenso jardín rodeado de cumbres, un anfiteatro natural donde los bosques, los castañares, los viñedos y los pueblos se suceden como las estaciones de una vieja partitura. Es un paisaje hermoso, pero también profundamente humano. Durante siglos, quienes lo habitaron fueron modelándolo con sus manos, abriendo caminos, cultivando laderas, cuidando los árboles y aprovechando los recursos del monte. Buena parte de lo que hoy admiramos como naturaleza es también el resultado de esa convivencia. Sin embargo, parece haberse instalado entre nosotros una idea extraña. Para conservar la naturaleza, lo mejor sería dejarla en paz, mantener alejados a los visitantes y reducir cuanto sea posible la intervención humana. Esta posición nace, muchas veces, de una preocupación legítima. Hemos visto demasiados paisajes maltratados por la urb
02/12/2001 