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- ¿Salvaje yo?
No son gigantes ni monstruos del río. Son osos. Osos que bajan a comer a los contenedores de Palacios del Sil porque allí han encontrado lo que ya no tienen. Se les presume una violencia que no han mostrado, pero que nosotros colocamos delante de ellos en el porsiacaso de todos nuestros miedos. Vale que no hay que esperar al primer zarpazo. Vale que hay que establecer medidas para evitar que la fauna salvaje se acostumbre a nuestra presencia pero ¿por qué han venido? Quizá ya no tienen dónde quedarse. Nosotros, esos humanos que nos vanagloriamos de ser seres pensantes para colocarnos por encima de los demás animales, les hemos ido quitando el sitio. Hemos quemado sus montes, ocupado sus tierras, abierto caminos, marcado rutas, levantado carreteras, urbanizado sus pasos. Les hemos expropiado la naturaleza y ahora nos molestamos porque aparecen en el asfalto que hemos decidido que es exclusivamente nuestro. De aquellos polvos, estos lodos. El jabalí molesta cuando cruza una glorieta y no hay teléfono móvi - Eclipses
Hace días que pensaba escribir sobre los eclipses, pero hoy tengo la mente eclipsada por la muerte inesperada de Conchi y Begoña en Manzanedo de Valdueza. Hace cuarenta años que conozco a Conchi, compañera en varios centros de enseñanza. Era la bondad personificada, y nunca hemos perdido el contacto y el afecto mutuo. Aun me cuesta creer lo que ha pasado. Descansen en paz y desde el cielo intercedan por la paz en sus familias. Cuando la luna, mucho más pequeña que el sol, se pone delante del astro rey, es capaz de producir oscuridad, aunque sea por poco tiempo, en determinados lugares. Así lo hemos podido comprobar algunos españoles el doce de agosto. Mi abuelo paterno, a principios del siglo XX, mientras subía al monte con el carro y las vacas, quedó totalmente sorprendido al ver que de repente se hizo de noche. Antes no se avisaba como ahora. En otro orden de cosas, podríamos decir que hay eclipses que suceden constantemente. Así, por ejemplo, aunque no cesan de aparecer noticias sobre los casos de - Terrazas y sombras
No sé si en otros años se hubieran dado estas temperaturas, pero lo que es este, junto con el maldito Covid, está consiguiendo retrasar las salidas de casa, hasta que el recordado Lorenzo (sol) se quite, o baje de intensidad. Un servidor, a pesar de provenir de una larga saga del gremio tan leonés como ha sido, y continúa siendo, la bendita hosteleria, no hemos salido bebedores, salvo, los de la quinta del café descafeinado que, aunque no es lo mismo, por prescripción del galeno de turno, hace las veces para aguantar el tirón veraniego. Eso sí, otros compañeros de la estación veraniega, a la hora de sentarnos en las terrazas, encuentran un franco alivio para los fumadores mientras se siga permitiendo echar humo, sin segundas, en los lugares abiertos, aunque ya vienen amenazando con prohibir su consumo en todos los lugares. En cualquier caso està medida tiene que madurarse lo suyo. El fumador, yo lo fui hace muchos años, sigue con su costumbre o vicio, como se le quiera llamar, en el sentido de que, a - La belleza de lo efímero
Después de contemplar el esperado eclipse de sol del pasado miércoles una se queda con la sensación de ser algo insignificante en medio de la inmensidad del universo, que nos ofreció un fenómeno impresionante, bello, gratuito. De esos que tienen la capacidad de juntarnos para observar el cielo con sorpresa y admiración. Por unos minutos todos miramos en la misma dirección limitándonos a disfrutar, saliendo de esa vorágine de ritmo frenético sin tiempo libre en la que solemos estar envueltos. Resulta agradable comprobar que aún hay cosas que nos unen y nos hacen detenernos, lástima que tal efecto no sea más duradero. Tal vez parte de la belleza y valor de esos instantes sea su fugacidad. Pero la naturaleza también nos ha mostrado su cara menos amable, más cruel. El terremoto de consecuencias devastadoras que sacudió Colombia, otros varios que se han dejado sentir en diferentes puntos del planeta, también en Granada. Tormentas con lluvias torrenciales que han llegado a ser catastróficas, por ejemp - Sin tren, sin futuro
327 kilómetros. Esa es la distancia que separa Plasencia de Astorga, la que un día unió Sevilla con Gijón atravesando media España por el oeste, y la que llevamos sin poder recorrer en tren desde 1985. Desde 1996 ni siquiera pasa una mercancía por ahí. Cuarenta años de vía muerta. Cuarenta años de un país que decidió que a nosotros no nos tocaba tren. Tengo 22 años, soy de Badajoz y estudio Biotecnología. El 16 de julio presenté la petición 1301/2024 en la Cámara del Parlamento Europeo, ante la Comisión de Peticiones. Lo hice porque estoy hasta las narices de que llamen «reto demográfico» a lo que en realidad es una decisión política tomada con nombre y apellidos. Esto no nos ha pasado. Nos lo han hecho. Fue un Gobierno del PSOE, el de Felipe González, el que cerró esta línea en 1984. Y es otro Gobierno del PSOE, el de Pedro Sánchez, el que en 2021 pidió expresamente que Bruselas sacara el tramo Plasencia-Salamanca-León de la red prioritaria europea, la TEN-T, la que recibe la financi
24/09/1995 