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- Artemisa, diosa lunar
Ensombrecida por la estúpida guerra desatada por el binomio criminal Trump-Netanyahu en Oriente próximo, la noticia de esta temporada debería haber sido únicamente el regreso de misiones tripuladas al espacio, a la Luna. Sin embargo, a pesar del esfuerzo de la NASA los tiempos han cambiado desde que la carrera espacial deslumbraba como aventura absoluta y se acompañaba de discursos altisonantes sobre los avances de la humanidad, que, aun disimulando la guerra fría, no eran tan sospechosos como ahora. Hace décadas que Carl Sagan describió la Tierra como ese punto azul pálido que apenas se distingue en la monstruosa desolación espacial, un espacio frío, silencioso y letal. Los humanos necesitamos llevar un poco de la Tierra para sobrevivir fuera de ella, una pizca de su calor y su aire respirable en forma de naves selladas y acondicionadas o farragosos trajes que envuelven a los astronautas en una burbuja de vida separada de la vida. En estos tiempos de saturación de imágenes, con miles de ellas amonto - El día de los republicanos asintomáticos
Lunes de Pascuilla en la Candamia. La tarde tiene algo de epílogo y algo de prólogo: epílogo de la Semana Santa que en esta ciudad empieza ya a durar todo un mes, puede que todo el año, el incienso por las calles, los papones de los bares a las misas, y prólogo de la primavera, que se ha manifestado sólo con calor y sol pero aún no ha empezado a florecer. Eso provoca una extraña sensación, pues los árboles esqueléticos apenas dan sombra y la gente se tiene que arremolinar junto a los troncos, dando al parque, quizá el más bonito de León con su río, sus pequeñas Médulas y sus secretos, un cierto aspecto de playa de Benidorm en la que no se puede estirar la toalla. Pero noto algo más raro en el ambiente y todavía no puedo saber lo que es. Hay colas para pedir en los cuatro puntos cardinales del único bar abierto. Al otro lado del Torío, un hombre se ha puesto a construir casetas, playas, columpios y hasta un huerto y deja que todo el mundo disfrute de ese pequeño paraíso.Su generosidad no evi - Otra vez como con las escafandras
Nada, que no espabilo ni pa dios, otra vez que era changüi el sueño de ser millonario. Y mira que esta vez lo veía claro, aquí a la puerta de casa, y además con una mina de oro, que ya veía a Trump llamándome por teléfono y yo le decía muy digno:«llámame más tarde Donaldo que ahora me voy a echar una pequeña siesta, pero si quieres oro no hace falta que nos invadas, ven al corral y coge unos lingotes, que no me entrar todos en el Cuarto del Gato y no tengo ganas de meterme ahora en obras». Cuando vi la convocatoria de la rueda de prensa para presentar el proyecto Oro en Cármenes llame a Hergadi y les pedí unas ventanas de un metro más altas y medio metro más anchas, porque con las que tengo me da apuro que lleguen con los lingotes de oro y sea pequeño el hueco. No quise ir a la rueda de prensa por no parecer avaricioso y enterarme el primero, pero mandé al mi Vitor, marqués de Canalejas y Señor de Mondreganes, y cuando fui a mirar, con la emoción del que mira la papeleta del gordo otra vez - Atrapando humo
Aveces guardo cosas que me gustan, como hacía mi madre con las «cosas de preste», por si un día podían usarse para algo. Hace tiempo guardé un video enviado por un amigo, que podría ver mil veces. Era enero en la prefectura de Nara, Japón. En un taller hay cuatro salas y en cada sala, cien lámparas de aceite ardiendo. Tan solo dos artesanos cuidan de ellas y las manipulan con sumo cuidado, durante horas, raspando y recolectando el hollín que genera cada lámpara. Atrapar humo, se llama. Hasta el más mínimo detalle cuenta. El aceite puede ser de soja, paulonia, camelia o sésamo y los cuencos que lo contienen deben ser de lodo no poroso. El hollín recolectado se amasa con pegamento de origen animal y una porción de agua exacta, como mi madre amasaba el pan, y se vierte en pequeños moldes como ella hacía para elaborar jabón casero. Conseguidos las barras o cilindros de tinta sólida, se cubren con ceniza de roble para que absorba su humedad, como mi padre cubría los jamones con sal antes de colgar - Atrapados en las redes sociales
A mi hijo Dimas que ahora tiene 10 años, le encanta que le cuente historietas sobre cómo vivía yo en mi tierna adolescencia. Para él, sin duda, historias de las cavernas. Eso de que cuando te llamaba el chico que te gustaba, había que aguantar la conversación desde el teléfono fijo de casa, siempre bajo la atenta mirada de padres y hermanos. Porque ni móvil, ni Instagram, ni nada de nada. Si quedabas con una amiga para ir al cine y no aparecía, te tocaba llamar desde la cabina o acercarte a su casa y "picar" al telefonillo. No teníamos influencers que nos influenciaran, así que había que fiarse de la prima mayor de tu amiga que tenía más experiencia y te enseñaba a maquillarte o te decía qué pantalones eran "el último grito". A falta de WhatsApp nos íbamos tirando notas aquí y allá, jugándonos el castigo y la expulsión al pasillo. Si además le cuento que no había Internet, Netflix, o YouTube, a él directamente le explota la cabeza. Y es que crecimos en un mundo completamente diferente qu
28/07/1928 