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- Monopoly
Una de las cosas que más te recuerdan la fugacidad del tiempo es escribir una columna semanal. La noticia se te hace antigua mientras la desembalas y tienes que comer deprisa porque aquí no vale lo de saborear las palabras. De no haber sido por esos malestares que a veces te ganan la partida, el domingo pasado hubiera arrancado mis decires del 2026 con unas líneas de Octavio Paz, enviadas por un querido amigo, en esas horas que hacen de frontera entre dos calendarios. «Las puertas del año se abren, como las del lenguaje, hacia lo desconocido. Anoche me dijiste: mañana habrá que trazar unos signos, dibujar un paisaje, tejer una trama sobre la doble página del papel y del día. Mañana habrá que inventar, de nuevo, la realidad de este mundo.» Resultan refrescantes estas palabras cuando llegas de un año intoxicado, braceando entre una telaraña de fobias, filias y guerras que nos están asfixiando y con demasiado ruido para dormir la siesta. Apetece imaginar las cosas como lo hace el poeta y al cerrar el - Calleja en el Dakar
Ay, Callejina, si no sabes acelerar en el desierto, pa qué te metes. La verdad es que el vídeo es hipnótico: tu coche que surge entre la polvisquera, el resalto mal pillado, el impacto con el morro y la vuelta de campana, para quedar en el sitio. Así una y otra y otra vez hasta perder unos preciosos minutos que mejor estarían empleados en hacer algo de más provecho. Cómo te empeñas, hombrín de Dios, en meterte en estos 'fregaos' del Rally Dakar, cuando todos sabemos que lo tuyo son las temperaturas más frías. Ya sabemos, sí, que a ti nada se te pone por delante. Y que ya te gustaría vernos a nosotros en esa situación: ni cinco minutos aguantábamos. Comidos por vegetarianos antílopes acabaríamos, entre amasijos de vehículos de gran cilindrada. El problema, Jesusín, es que esta vez te ha traicionado un, digamos, orgullo que hasta ahora había quedado oculto por tu imagen de paisano campechano. Tras el accidente, y una vez comprobado que el impacto no te había dejado secuelas serias, manifestaste - Jesús Fernández Santos cumple cien años
Entre los escritores españoles de prestigio que este año cumplen cien años desde su nacimiento — centenarios a los que me voy refiriendo últimamente— me detengo hoy en la vida y la obra de Jesús Fernández Santos (1926-1988), de padre leonés y muy vinculado al pueblo de Cerulleda. Había transcurrido poco más de un año cuando quedó huérfano de madre, perdiendo a su padre a los 14. Aunque vivió la mayor parte de su vida en Madrid, mantuvo en todo momento tanto una vinculación muy estrecha con Cerulleda como con el resto de la provincia leonesa. Nacido en Madrid, hasta el término de la Guerra Civil residió en un pueblo de Segovia. De regreso a la capital de España cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras. A finales de la década de 1940, Fernández Santos se matriculó en la Escuela Oficial de Cine, coincidiendo en la misma, entre otros, con Carlos Sastre, José Luis Borau y Mario Camus. De este modo, el cine se convirtió en su segunda profesión compartida con la carrera literaria. - El negacionista
Se suele resolver de un plumazo: el negacionista es un cuñado pasado de revoluciones, un cachondo involuntario o un cretino lengualarga. O las tres cosas a la vez. Pero no, este representante destilado del Zeitgeist de nuestro tiempo también ha de tener sus normas. En primer lugar, digámoslo con rotundidad: 'negacionismo' no es un buen término, no se atiene a la fidelidad que uno espera de una palabra. Quienes niegan lo cierto suelen afirmar otra cosa, por disparatada que sea. Propongo llamarlo disparatadismo, irracionalismo... O ignorancia en general, ya que darle la categoría de 'ismo' lo convierte en sistemático y sistema, lo que se dice sistema, no hay. Nadie puede tirar la segunda piedra, porque quien más y quien menos cuenta con sus propias creencias acientíficas y absurdeces de cabecera. De seres imaginarios y superpoderosos están pobladas toda religión y fe, y el empeño de cada una por imponerse como verdadera ha costado tantos o mayores conflictos que la caterva negacionista que se ha venido e - Padre, madre...
Si no fuese por la presencia de la rúcula pelirroja de Tom Waits, la última película de Jim Jarmush podría atribuirse tranquilamente a algún otro maestro del diálogo y las distancias cortas, empezando por Woody Allen. Pero esto no lo menciona ninguna crítica de medios relevantes sino que todas apuntan al unísono a que es una narración episódica, con elementos simbólicos en común, sutil y bella. Y hasta aquí reproduzco lo leído, que no quiero que piensen ustedes que le he comprado la reseña a la agencia Efe, como parece que hubiesen hecho los tristes de los diarios. Se nota que van a los festivales y se ven obligados a tirar de hostel. Para eso Boyero y el Marchante, que iban a tutiplén y que temblasen Venecia, Cannes o San Sebastián. Allí se dejaban los cuartos sin compasión, los suyos y los del periódico. Precisamente, una de las cosas que hacen a «Father, Mother, Sister, Brother» bonita de ver es la ausencia de penurias económicas potentes. De hecho, la precariedad en la que viven algunos
08/08/2015 