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- Los libros de antes
No se puede luchar contra molinos de viento. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha no cejó en su intento pese a las advertencias de Sancho Panza y acabó derrotado por las impasibles aspas. Y, con la obra de Cervantes tan instaurada en el imaginario colectivo, me digo que ya va siendo hora de que me lea el Quijote. Y una voz ajena me responde que, si no tengo mucho tiempo, podría acudir al solícito ChatGPT para que me hiciera un resumen. Entonces lamento que ese anhelo mío, a pesar de que así quise hacerlo, no me lo hubiera confesado solo a mí. Supongo que habrá muchas otras expresiones que se hayan trasladado orgánicamente desde alguna obra maestra de la literatura hasta el habla popular, aunque me temo que no será así de ahora en adelante, a sabiendas de que las manos que otrora sujetaran libros ahora suelen sujetar móviles. El cambio se aprecia bien en el habla. Esta semana un compañero nacido en tiempo analógicos –aunque muy juvenil– me aclaró lo que era el 'cogüelmo' y otro, alumbr - Más allá del adiós
Damos la vida por un bien garantizado, pero lo cierto es que nadie nos dice cuando llegará la hora en la que nuestro viaje llegue a su fin, a veces pronosticado, a veces abrupto. Planificamos y vivimos como si el mañana estuviese disponible en el calendario para alcanzar nuestros deseos, anhelos y sueños. Cuando ocurre una tragedia como el reciente choque frontal de trenes en Adamuz, nos damos cuenta de nuestra fragilidad, sabemos que nosotros podríamos haber ido en esos vagones, que su adiós es también el de cualquiera de nosotros y que en cualquier momento nuestra ruta se queda detenida en un andén. Una vez más, España está de luto. Casi cincuenta personas han perdido la vida esta semana en accidentes ferroviarios. Para sus familiares y amigos vaya este abrazo de palabras. Precisamente estos días estoy viendo una serie japonesa cuyo título encabeza esta columna: «Más allá del adiós», que reflexiona sobre la pérdida de un modo agridulce que conmueve y reconforta. La serie comienza con un accide - Fiesta ilegal, silencio oficial
La película 'Sirat', del director gallego Oliver Laxe, llevará la cultura de las raves a los Oscar. Su nominación a mejor película internacional y a mejor sonido pondrá la nota musical a un evento que está en las antípodas del movimiento que da vida a dicha película. Que no cunda el pánico, no me ha poseído Carlos Boyero y no les voy a aturdir con una crítica cinematográfica. Ni lo pretendo ni me veo preparado para ello, y eso que sí la he visionado. Lo único que diré al respecto es que las he visto mejores y también peores. Pero antes de que 'Sirat' suene en Los Ángeles, vamos a ir más cerca, por ejemplo, al pantano del Cenajo, en Albacete, para hablar de las raves. Y es que ese paraje ha sido el lugar elegido para la celebración de la fiesta ilegal 'Big Fucking Party', que comenzó el último día del año pasado y se prolongó durante varias jornadas. No se asusten, tampoco me ha poseído Joaquín Luqui y no voy a despellejar ni a alabar la música electrónica. Para mí, todos los tipos de - Criar sin miedo: heredar libertad, no silencios
La herencia que más pesa no siempre son las casas ni las tierras, sino los silencios. Silencios que se transmiten como una cadena invisible: lo que no se decía en casa, las preguntas que no se hacían, los miedos que se guardaban bajo llave. Durante generaciones, muchas mujeres crecieron con la advertencia del «no digas nada», «no levantes la voz», «no te signifiques». Y muchos hombres con la carga de «aguanta», «sé fuerte», «no llores». Ese legado de miedo ha marcado la manera en que nos relacionamos, la forma en que criamos, incluso la manera en que nos miramos a nosotras mismas y a los demás. Criar sin miedo significa romper con esa cadena. Significa decir a nuestras hijas que su voz importa y a nuestros hijos que sus lágrimas también tienen un lugar. Significa abrir espacio para la ternura, para la rabia, para el derecho a equivocarse, para la posibilidad de elegir un camino distinto al que la tradición impuso. No se trata de criar hijas valientes y fuertes y a hijos tiernos y libres como s - Monitoriza esto, Marlaska
La decadencia del sistema ferroviario español era ya un clamor mucho antes de que se produjese el accidente de Adamuz. El tren, particularmente la alta velocidad, que era nuestro orgullo internacional y que había cambiado la forma de viajar de los españoles, empezaba a perder viajeros por los retrasos e interrupciones sistemáticas, mientras los maquinistas –ahora vamos sabiéndolo– se hartaban de denunciar las deficiencias de las vías sin que nadie les hiciese el menor caso. Ahora la prensa –esa que el Gobierno quiere silenciar y Marlaska se propone «monitorizar»– acude a las estadísticas, y nos informa de que España invierte un tercio en el mantenimiento de la red ferroviaria que Francia e Italia, países con menos kilómetros de alta velocidad que nosotros. Y de la misma manera que los españoles sabían que nuestro sistema ferroviario se había deteriorado sensiblemente en los últimos años, también saben del lamentable estado de las carreteras. Los montes se queman porque ya nadie los limpi
28/02/1992 