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- Balón de oro a la hipocresía
Seis millones de personas asesinadas en una purga ideológica y política y más de cuarenta millones de hombres y mujeres que murieron de hambre y desnutrición debido a sus nefastas decisiones políticas bastan para denominar al personaje en cuestión como un dictador. Estos son los inmejorables méritos atesorados por Mao Tse-Tung, que demuestran el gran amor que tuvo por el pueblo chino, que supuestamente se ha sentido ofendido y ultrajado porque Mbappé se refirió a él como un dictador en una entrevista. Lo que ha ocurrido estos días tras la certera definición realizada por el jugador blanco nos demuestra la hipocresía y la falta de valores que rodean al deporte rey, donde quien siempre gana es el dinero, dejando al descubierto las miserias de unos y de otros. Por si alguien comete el error de pensar que actúo por resentimiento hacia Mbappé o hacia el Real Madrid, vaya por delante que soy un enamorado del fútbol y madridista de pensamiento y corazón. Pero antes que mis pasiones futbolísticas, antep - España y sus lutos
«No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban…». NO queremos ver más sangre. NO queremos soportar más violencia ni muerte. Por eso, estos versos de Lorca pertenecientes al Llanto por Sánchez Mejías acudieron raudos a mi memoria esta semana al ver en televisión imágenes de Bilbao en llamas y el terrible accidente ferroviario de Urda. De nuevo sangre en las vías cuando la herida de Adamuz aún rezuma. Yo nací los últimos días de la dictadura de Franco. Mi vida, por tanto, ha seguido el mismo curso que nuestra democracia. No recuerdo haber visto a España tan sumida en el desastre jamás. Ni con Suárez, ni con González, ni con Aznar, ni con Rajoy ni con Zapatero. Nunca. No podemos más. Los españoles, al menos una inmensa mayoría, estamos hartos. Cansados, sumidos en el pánico, el asombro y el dolor. Estos últimos tres años hemos visto escenas que jamás habríamos imaginado tener que asumir: el volcán de La Palma, la riada de Valencia, Ad - Angustias sí, alboroto no
El otro día leí una frase que me hizo reír y pensar al mismo tiempo: qué curioso que existan mujeres llamadas Dolores, Angustias o Soledad y que, sin embargo, no haya ningún hombre que se llame Agobio, Espasmo o Alboroto. Más allá del chiste, la pregunta es buena. Porque los nombres nunca son inocentes. En nuestros pueblos ha habido muchas Dolores. Muchas Angustias. Muchas Soledades. Y no solo porque la tradición religiosa así lo marcara —la Virgen de los Dolores, la Virgen de las Angustias, la Soledad—, sino porque culturalmente hemos aceptado algo más profundo: que el dolor tenía rostro femenino. La mujer como la que espera. La que acompaña. La que sufre en silencio. La que sostiene. Durante siglos, la identidad femenina estuvo ligada a la resistencia silenciosa. No al protagonismo, no a la acción, no al alboroto. A la paciencia. A la pena. A la contención. En cambio, los nombres masculinos evocaban fuerza, conquista, protección, poder. Fernando, Alfonso, Guillermo, Rodrigo. Nombres que suena - Cerraron sus ojos
Aún impactados por el azote de la noticia, es inevitable conmoverse hoy, a las puertas de la noche de ánimas. Ya desprendidas todas las hojas del calendario del taco correspondientes al mes de octubre, rendidas con la ligereza de las hojas de otoño, que se precipitan, mecidas circularmente por el viento en caída libre. Antes de que se analice el contenido de las cajas negras, conocidas en el sector como registradoras de eventos ferroviarios, ya han comenzado investigaciones, elucubraciones, y, Dios no lo quiera, los réditos políticos. Que en precampaña no hay disputa pequeña y todo parece ser aprovechable. Los trenes cubrían el trayecto Madrid-Sevilla, pero es Toledo quien recibe los muertos, el dolor de las familias, la impotencia ante lo inesperado, la desolación de los que han perdido sin explicaciones, la angustia de tantas vidas cercenadas. Y es inevitable imaginar toda una conjunción de planos y matices, de posturas y reacciones que discrepan o se solapan. Miradas esquivas: políticos, economista - Esperanzas
Sentarse a escribir un artículo de opinión para la víspera de Todos los Santos cuando apenas ha habido tiempo de digerir la tragedia ferroviaria de Urda es una amarga experiencia. El folio en blanco se agiganta, y las palabras sólo desfilan sobre él a intervalos breves e indecisos. Escribes cinco y borras diez, vuelta a empezar. Todo suena vano ante un horror ya repetido, predecible, predicho de hecho por diferentes personas y en distintas ocasiones: «lo de Adamuz va a volver a pasar». Todo suena vano o excesivamente cargado de la rabia que se escapa por los poros, y apetece cerrar de un golpe la tapa del portátil. Muchos de nosotros mantenemos la tradición de visitar a nuestros difuntos este fin de semana. Nuestra cultura católica nos ha legado, entre otras, esta forma de hacer plástico el recuerdo de los seres queridos que se nos han ido, de tener un papel protagónico en el drama de la pérdida que cada año se representa en el teatro de nuestros cementerios. Creo que sólo por eso, incluso al marge
25/07/1985 