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- Y aún falta Mourinho
El mundo está perdiendo emoción y grandeza. Hasta hace nada, si llegaba una crisis, lo hacía con vocación de serie de HBO: pandemia global, confinamientos y Fernando Simón compareciendo cada tarde con ese tono tranquilizador que provocaba exactamente el efecto contrario. Aquello sí tenía producción. Y ahora, en cambio, ¿qué nos queda? Un hantavirus que apenas conseguía inquietar a cuatro hipocondríacos, por lo que hubo que recurrir a que el hombre de la almendra volviera a aparecer en televisión. Ahí sí. Ahí el país entero revivió Vietnam. Bastó verlo otra vez para que todos mirasen el rollo de papel higiénico con la tensión de quien escucha un petardo en agosto y piensa automáticamente en ETA. El problema es evidente: hemos bajado el nivel del espectáculo. Ya nos conformamos con menos y apenas nada nos sorprende. El año pasado aún tuvimos un apagón nacional que permitió a muchos descubrir que el wifi depende de la electricidad. Hubo cierta épica. Pero este año ni eso. Todo parece una - Las vacas sagradas
¿Te has asomado alguna vez a los profundos ojos de una vaca? No sé exactamente cuándo el hombre pudo domesticar a los animales. La forma podría ser la de Saint Exupery, cuando el zorro entabla amistad con le Petit Prince: «Si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo». Frase muy lírica y emotiva. Pero en el plano cietífico, posiblemente el primero fuera el perro, por su hambre canina que lo lleva a comer de todo. A este respecto nos habla el libro del etólogo Konrad Lorenz: «Cuando el hombre encontró al perro». Luego llegarán otros especímenes y por su interés, la vaca. Algo habrán visto los hindúes en ellas para considerarlas sagradas. Como los egipcios con los gatos o la gente actual con sus mascotas. Cambia el objeto pero el sentimiento sigue siendo el mismo. Los bóvidos secularmente han compartido la cercanía con sus amos. Situando antiguamente el establo junto a la vivienda, a la que trasmitían su calor. Aparte - León: días de libros y cine
La ciudad de León tiene mucho que enseñar. Sobre todo una larga historia muy antigua, contemporánea y literaria, con personas y personajes que la poblaron e hicieron sus relatos y nosotros en ocasiones nos acordamos de ellos. Creo que debemos llevarlo con mucho orgullo y hablar de ellos de vez en cuando, son el resultado de muchos años de existencia y los ancestros pusieron las bases. Hace unos días leí de nuevo dos libros imprescindibles para un leonés, perdón por la osadía y pido disculpas. Uno es 'La guía cómica de Bujía y Lamparilla' (1929) una maravilla que se lee con orgullo. Dicen que es una «intrahistoria solo para entendidos de la época», pero creo que se traslada muy a nuestros tiempos, también es una excelente guía comercial y turística de aquel León algo en blanco y negro, donde el plato más común era el pimentón con huevos duros y escabeche, y comenzaban a hablar de los idiomas en los establecimientos para atraer al turismo extranjero. El otro libro es 'La guía del caminante en - Necios demasiado iguales
Quizás sea que, amén de abuelo, vaya siendo un viejales, aun no tan gruñón como podría suponerse (¡ay compañeros del alma, compañeros!), mas últimamente hay un algo que cada día entiendo menos en el ejercicio de la política, mejor, de las distintas posiciones políticas asumidas y no ya por los representantes públicos de las mismas –que también a veces– sino de las seguidas y defendidas por parte del común de los mortales patrios. Por lo que veo en la red social que uso y frecuento y escucho en algunos cenáculos desayunadores en cafés, más parece que volvemos a reducir la política a batallas verbales, carentes de argumentos y sembradas de insultos, propósitos de ultraje y descalificaciones absolutas, en vez de ejercerla con y en sana y libre confrontación de ideas, es decir, argumentada exposición de los planes y disposiciones que se ordenan en la imaginación para la descripción y gestión del presente y futuro por quienes gobiernen o aspiren a regir los asuntos públicos y quienes a t� - José María Luengo
El próximo domingo se cumplen ciento treinta años del nacimiento en Astorga, el 17 de mayo de 1896, del arqueólogo y escritor José María Luengo Martínez; una buena ocasión para conocerlo mejor, ¿no te parece? Hijo de Crescencio y de María Dolores, vivió en Astorga hasta que, en 1912, se trasladó a Madrid, al ser su padre –facultativo hasta entonces del Cuerpo de Telégrafos– allí destinado. En 1918 ingresó en el Cuerpo Administrativo del Catastro Urbano, y ejerció como funcionario del Estado durante casi medio siglo –dieciséis años en León, y el resto en A Coruña–, llegando a ser Jefe Superior de Administración Civil. Pero su gran pasión fue la arqueología. En 1929 fue nombrado secretario de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de León y, diez años más tarde, comisario de Excavaciones Arqueológicas de la provincia de A Coruña –y, en 1956, delegado–. También en 1939 fue designado vicepresidente de la Comisión de Monumentos coruñesa, de la que oste
17/07/1981 