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  • Torrente, presidente
    Si Torrente fuera leonés desayunaría orujo en la churrería de Santa Ana, comería a diario de tapas por los bares de El Ejido y se sentaría los domingos de fútbol en el fondo norte del Reino de León. Desde allí, dando codazos al tipo de su izquierda, al que ocuparía medio asiento con una de sus nalgas, habría criticado esta temporada a Llona, Ziganda y De la Barrera, sentando cátedra a base de «ese brasileño está gordo», «el 14 no es mediocentro para Segunda» o «¿qué coño hace arbitrando una tía?». Si Torrente fuera leonés tendría en su camisa un lamparón de morcilla, de la que le serviría su amigo el de 'La Bicha', y no se quitaría el palillo de la boca, esto es literal, ni para la foto del DNI. Arreglaría la provincia con una mano dando golpes a la barra y con la otra sujetando el vino al que le habría invitado un acompañante que no haría más que asentir con la cabeza. «Con dos días que nos dejaran…». Ambos procederían de un pueblo cercano a La Bañeza al que irían de cien
  • ¡Ale, a votar!
    En la Edad Media, los juglares cantaban gestas y hazañas en las plazas de pueblos y ciudades; y, en estos días, son los partidos políticos los que nos cuentan sus virtudes –todo son virtudes, por supuesto–… y, de paso, las carencias –todo son carencias, claro– de los rivales. Nos envían sus cartas, como si fuéramos los Reyes Magos, en las que todos nos piden –por cierto– el mismo 'regalo': el voto. Y tratan de llegar a nosotros de todas las maneras posibles, desde carteles o anuncios en medios de comunicación –no te digo ya en redes sociales, que echan humo…–, hasta salir a nuestro encuentro, en la calle, con una gran sonrisa… Intentan convencernos de que su opción es la mejor –y con mucho, ni que decir tiene–, con eslóganes llamativos y mensajes precisos; entrando en olor de multitudes –aunque esas multitudes, siempre a favor de obra, no sean especialmente numerosas…– en mítines y actos públicos, o en debates –a los partidos a los que les dejan, claro–, en donde es f
  • A contracorriente voy
    Comprenderá, lector, que siendo este aprendiz de escribidor del plan antiguo, si no ya del arcaico, todavía conserve, en su mente y corazón, vivos ecos de una utopía y memoria de conquistas (democráticas). De manera tal que aun alejado del fragor de la batalla electoral -antes solo eran campales y encima las perdía, perdíamos a palo y tentetieso- y harto desencantado de muchas cosas, de unas por no llegar, de otras por haberse pasado, no vea partido o candidatura alguna que represente totalmente lo que política y socialmente deseo o utópicamente sueño, mas, sin embargo, sí sienta y sepa cuales son los que representan al cien por cien lo que, repito, política y socialmente detesto. La soledad política acaso la deba a mi espíritu crítico y al vital conocimiento de lo «humano, demasiado humano»; lo reprobado, amén de por iguales razones, por memorias y experiencias o «a otro burro con esa albarda» o cuento. Sí, solo sigo las referencias de la campaña electoral en muy tempranas noticias radiofó
  • Nueva dimensión
    La tarde era pesada y teñida por la cortina de lluvia primaveral. Más que por cualquier otra cosa, como respirar el aire limpio, Laura y Pablo prepararon al niño y decidieron dar un paseo para ver escaparates, negocios desaparecidos, pisos inalcanzables y luego, entrar a una cafetería. Pero Pablito estaba rabiado. Empezó con un bostezo, blabuceos y finalmente un llanto que fue «in crescendo» hasta convertirse en un gañido insoportable, justo en el momento en que estaban dispuestos a entrar en el bar. «Anda Pablo, dale el chupete al niño, a ver si calla» -dijo la mamá-. Pero el nene, apenas mordida la silicona, la escupió con tal fuerza que fue a parar al centro de la calle. «Con qué ímpetus viene esta juventud»-dijo el padre, con orgullo-. Los inexpertos papás hicieron cábalas. «Tendrá hambre», pero rechazó el biberón. «Tendrá gases», y le de dieron unas palmaditas en la barriguita pero no eructó. Finalmente el pestilente aroma que despedía les dió la respuesta: «Osti, se ha cagao»
  • Europa está en crisis, España más y CyL también
    Al hilo de las recientes declaraciones del Premio Princesa de Asturias de Humanidades, el filósofo surcoreano Byung -Chui Han, y de los comentarios sobre sus ideas filosóficas, se me ocurren algunas reflexiones trasladas a nuestro país y a nuestra Comunidad Autónoma. Vivimos tiempos sin entusiasmos, sin objetivos trascendentes, buscamos como alocados el placer inmediato, huimos del sacrificio, del dolor y combatimos este al menor síntoma con multitud de analgésicos, cada vez socializamos menos y nos refugiamos en las redes sociales, atiborrándonos de información continua y no de conocimientos, sin darnos cuenta que son un remedio temporal que conduce al aislamiento y a la insatisfacción. Nuestros gobernantes no plantean proyectos ilusionantes y solo abordan las necesidades cuando ya son un problema grave y no tienen solución a corto plazo, como el actual de la vivienda o el de la creciente soledad de muchas personas abocadas a salidas drásticas como el suicidio en el que somos uno de los campeones de E