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- Un par de píldoras
Hay veces que eso de las mociones (y no las de censura, precisamente) es un cuento chino. O un lavatorio de manos y un quedabién. Nada nuevo bajo el sol. En la Diputación se aprobó una el último miércoles presentada por la UPL, eso sí, a vueltas y revueltas con lo de la integración de Feve en el centro de la ciudad. Y hasta se discutió el documento, oiga. Qué cosas. Total, para qué; pues para nada. En esto del tren de Matallana mucho bla, bla, pero al final ni una peladilla que llevarse a la boca. Aún esa carencia los leonesistas resisten el dúo. Cogobiernan el Palacio de los Guzmanes y quieren continuar hasta el final del mandato. Una vara de mando entre las manos es muy tentador y el PSOE, con estos socios de la bandera carmesí, va bien en la burra. Total, se firman los pactos, se incumplen los que no interesan a la matriz central, al ministerio, y aquí paz y después gloria. Si esta es la estrategia que la muchachada pro autonomía de León se echa al morral, cabe concluir que lo suyo es una labo - Un Alfonso Sastre centenario
La trayectoria vital y profesional de Alfonso Sastre es larga de contar por muy cargada de títulos y de años. Nacido en Madrid el 20 de febrero de 1926 en el seno de una familia laboriosa, dice Sastre sobre sí: «Soy un producto madrileño de la emigración de gentes modestas, y hasta decididamente pobres, que buscaron una apertura para sus vidas en otra parte». Padeció los bombardeos y el hambre de la Guerra Civil, finalizada la cual, tras cursar y abandonar las carreras de Aereonáutica y Aduanas, en los años cuarenta comenzó su carrera teatral con obras existencialistas, solo o en colaboración con el grupo Arte Nuevo, que cofundó en 1945 para acabar con el teatro burgués auspiciado por Jacinto Benavente. A los 21 años comenzó a estudiar la carrera de Filosofía y Letras en la universidad madrileña, funda la revista Raíz con Juan Guerrero Zamora y traduce y publica de 'Das Urteil' de Franz Kafka. Escribe. en colaboración con Modesto Fraile, 'Comedia sonámbula' e intervino como actor en 'L'annonc - El oro del Bierzo
Corrían los años cuarenta y en muchos pueblos se habían cometido atrocidades, como en el resto del país. Aquellos que no eran influyentes, bien por sus riquezas o por sus ideas, cabalgaban como podían en medio de una crispación general, que no distinguía blancos o negros, y los grises quedaban siempre expuestos a cómo convergiera la luz sobre ellos. Eran aquellos mal paridos años de posguerra, que, como todas, dejaba unas secuelas que en ocasiones eran difíciles de olvidar o, en el peor de los casos, no se olvidarían jamás, dependiendo de dónde viniera la luz cegadora de la justicia. Un pobre hombre de un pueblo próximo a Villafranca del Bierzo pagó con la cárcel, sin ver la cara del juez que debería juzgarle, por ser portador de una carta de su padre que, desde Barcelona, se quejaba de no llegarle su sueldo para comer. Este hombre, por coincidencias de la vida y por no ser muy lúcido mentalmente, se tuvo que echar al monte huyendo de las amenazas de unos ladrones, hijos de gentes pudientes que - Mulero
«Hemos entrado en los salones», podría, con libertad de cita, titularse la entrevista que le hizo El País el otro día a Oscar Mulero por ser acreedor a la Medalla de Oro de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura, «pero seguid buscándome en clubes donde haga mucho calor, poca luz y cuatrocientas personas que sepan lo que hago». El dj madrileño que pinchando en Tropicana con veintipocos ya tenía exigencias (además de que le devolviesen los discos robados) no ha perdido un gramo de carisma y tampoco ha dejado de acumular seguidores fanáticos. Durante algunos meses de algunos años fue mi caso y el de un círculo de sucios, quienes estuvimos cerca por culpa de Mulero de pertenecer a una tribu urbana, la de los techno kids. Aquellos primeros dos mil fueron la edad dorada del techno de club, finiquitada con los cierres de Tresor en 2005 en Berlín y La Real en 2006 en Oviedo. Y desmentir eso sería de muy mal gusto. El muy venerable músico electrónico es una figura de culto sin discusión. Su misma tr - El Bierzo como identidad: la historia detrás de una marca territorio
Había una necesidad latente, casi palpitante, que brotaba desde dentro del propio Bierzo. No surgía tanto de las administraciones como del pulso social, de un territorio que llevaba años respirando identidad propia. Ese sentimiento, tan extendido entre los bercianos, fue el que acabó contagiando al Consejo Comarcal —la única comarca reconocida como tal en Castilla y León— y lo llevó, durante el mandato de Gerardo Álvarez Courel, a dar un paso inédito: crear una marca territorio que condensara ese orgullo colectivo. El encargo recayó en Juan Orive, diseñador salmantino afincado en El Bierzo y casado con una berciana "de pro", como él mismo dice. "Tuve que venir yo de fuera para dibujar vuestra identidad", comenta entre risas, aunque reconociendo que el reto era "gigante". Junto a sus compañeros Pedro y Alberto, desde el estudio Genuine, comenzó a trazar las primeras líneas de lo que debía convertirse en un símbolo común para todos. La idea no era sencilla. ¿Cómo traducir una identidad tan c
03/08/1974 