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- El infierno no se va
Estamos reformulando el futuro como pasa cada vez que una tragedia lleva a la boca lo de «que no le pase a otro nunca». Pero la piedra sigue en el camino, inmóvil. Y sortearla no nos libra de volver a tropezar en ella. Aunque cientos somos los que hemos intentado levantarla…hay otros tantos que se la rascan mirándonos. Y no llegamos. Tenemos fuerza, tal vez toda, pero aquí es más maña, o las mañas o no sé si es el poder que le hemos dado a las mañas para que tengan más fuerza. El caso es que, al tiempo que lloramos que hayan pasado siete meses desde que Nacho perdió la vida mientras salvaba a Espinoso de las llamas, él que venía de Soria y conoció el espectacular contorno de la Tebaida desde un camión que fue su ataúd, nos remangamos para conseguir la fórmula que esquive la repetición de la tragedia, esa que nos dejó Las Médulas temblando, teñidas de una fragancia de negros, y una montaña ponferradina tan enlutada como la lengua que se quedó sin saliva de tanto extender su flechazo con e - La gran línea roja
Cuando diferentes partidos tratan de negociar, en orden a gobernar o para aprobar alguna ley, se habla de líneas rojas, es decir, de límites que no se está dispuesto a traspasar. Entre las que deberían tenerse en cuenta, creemos que es fundamental pensar en aquellas que afectan a la dignidad de las personas y a los derechos humanos, muy especialmente el derecho a la vida. Hoy quisiera fijarme precisamente en el derecho a la vida de los seres humanos indefensos que están en el seno de la madre, por mucho que en nombre de un falso progresismo se quiera blindar, incluso constitucionalmente, el derecho de la madre a asesinar a su propio hijo. Esa es la obsesión del gobierno actual y especialmente de la Ministra de Sanidad, que quiere meter en una lista negra a los médicos conscientes de que su misión es salvar vidas y no destruirlas. Defender la vida de estos seres humanos tan preciosos y tan vulnerables no es cuestión de ser de derecha ni de izquierda, sino de la ética más elemental. En más de una ocasi� - El círculo vicioso del León rural
La despoblación rural en la provincia de León suele abordarse en términos cuantitativos, como una simple pérdida de habitantes. Sin embargo, desde la geografía y la ordenación del territorio, este fenómeno debe interpretarse como un proceso de reestructuración espacial que altera profundamente las relaciones entre población, servicios y territorio. En términos analíticos, no se trata únicamente de cuántos habitantes se pierden, sino de cómo evoluciona la densidad de población y, sobre todo, de cómo cambia la accesibilidad a los servicios básicos. La disminución de efectivos demográficos en amplias áreas rurales genera un problema clásico de economías de escala: la prestación de servicios públicos (sanidad, educación o transporte) se vuelve progresivamente más costosa por usuario, lo que suele traducirse en procesos de centralización y cierre de equipamientos. Este fenómeno activa dinámicas de retroalimentación negativa bien conocidas en la literatura geográfica. La reducción de ser - ¿Todo tiene un límite?
Que el precio de los carburantes se iba a disparar nos lo temíamos desde que estalló el conflicto en oriente medio y el valor del barril de petróleo aumentó de forma drástica. Las gasolineras han reflejado de forma inmediata ese aumento en el importe del litro de gasolina o gasoil hasta un punto en que llenar el depósito del vehículo tenga un coste desmedido, que roza lo inasumible. Pero la repercusión no se detiene ahí. Continúa afectando en cadena al coste final que los asfixiados consumidores tenemos que pagar por los productos que adquirimos en tiendas y supermercados, muchos de ellos básicos. Y a quienes producen en origen esos alimentos, que ven cada vez menos compensado su esfuerzo. Es la misma historia tantas veces repetida, como si viviésemos atrapados en el día de la marmota. Una y otra vez la conclusión es idéntica, cuando algo va mal siempre somos los mismos los que tenemos que asumir las consecuencias. Los responsables de muchas de las situaciones adversas que soportamos no se ven afec - La gente de cerca de la estación
Todos los sábados, a eso de la 1 de la tarde, entre nosotros casi la hora de comer, coincido con un nutrido grupo de personas , como he venido mencionado, semana tras semana, plantando cara a quien corresponda con megáfono en mano, para reivindicar la vuelta a la estación de León del servicial y entrañable tren de todos conocido. Soy consciente de que vivimos en la era de grandes avances a la hora de realizar viajes a sitios que nunca nos los hubiéramos imaginado, lo cual no implica el sentir en nuestros recuerdos el paso de aquellos trenes, con máquinas impulsadas por la acción del vapor de agua, que nos acercaban a los lugares de los que, mayormente, descendíamos o solíamos visitar. Después llegaron otras máquinas más modernas, aunque carentes de aquel encanto. El viaje de Bilbao a León, con una duración de unas 12 horas, acercaba a aquellos profesionales al fin de trayecto que, con unas ollas llamadas ferroviarias, que inventadas por ferroviarios de la línea La Robla-Bilbao a principios del sig
21/12/1937 