Noticias
- Era esto
En la adolescencia llevábamos vaqueros azul oscuro muy pitillos. Y unos abrigos verde botella que nos quedaban a mitad de muslo, con una capucha oronda que terminaba en pelo sintético.Por detrás no se nos distinguía: todas con el pelo liso, raya al medio y sin estridencias. Parecía el uniforme de una generación. Lo era. La rutina casa-colegio-entrenamiento resultaba tan costumbrista que no imaginábamos grupo alguno fuera del nuestro; siempre cerrado herméticamente. No se nos entendía tanto por separado como en conjunto y nos gustaba: éramos sencillamente felices. Después algunas nos quitamos la aureola sintética que rodeaba la capucha y empezamos a desentonar. En un después menos añejo ya no había cazadoras verde botella hasta la mitad del muslo y los pitillos oscuros se acompañaban de otros complementos. Con más accesorios. Con más estridencias. Las fronteras del grupo se diluyeron y no era uno sólo el uniforme de la generación. Empezó la universidad y, con ella, los experimentos. La lucha c - Entre tinta y algoritmos
Cuando alguien me pregunta el momento en que empezó mi relación con el periodismo, siempre echo mano de una anécdota muy representativa y de la que estoy especialmente orgulloso, por todas las derivadas que de ella se desprenden y que, a día de hoy, serían impensables. Y es que, desde muy temprana edad, antes de ir al colegio, quien les escribe y sus dos hermanas repartíamos más de un centenar de ejemplares de periódicos en bares, comercios, bancos y domicilios particulares de Valencia de Don Juan. Y así fue hasta que cumplí los 18 años y me fui a estudiar, curiosamente, Periodismo en Salamanca. Por lo tanto, una posible teoría que explicaría mi amor por esta profesión es que, siendo niño, la tinta que teñía de negro mis dedos al repartir los periódicos traspasó la piel y, desde ese momento, el periodismo comenzó a correr por mis venas. Por esta razón, cada vez que veo que cierra un quiosco, víctima de la era digital, algo dentro de mí se estremece. No sé si esta sensación está causada p - Al hilo de Gaudí
2026, 'año Gaudí'. Se cumplen cien años del fallecimiento del genio catalán creador, entre otras inolvidables obras, de nuestra Casa Botines. Como merecido homenaje son muchas las conferencias, libros y talleres dedicados a la obra del arquitecto catalán y múltiples las referencias a todo lo relacionado con el autor de la Sagrada Familia. Hace unos días leía en un periódico local que la reciente pavimentación de la calle Ancha contiene tres tipos de piedra y decía un conocido arquitecto leonés que el granito beis sayagués que figura en las bandas del diseño del suelo uniendo la catedral con Botines era el mismo utilizado por Gaudí en la Sagrada Familia. Hubiese sido hermosa esa coincidencia, pero siendo cierto que el granito Sayago se utilizó en el templo barcelonés, hay que matizar que no se trata del mismo que se ha colocado en calle Ancha, ya que este último se ha importado de una cantera portuguesa que ha copiado el nombre Aurora a otra cantera madrileña de la empresa leonesa Ingemar, mient - Ellas también hicieron historia, aunque no salieran en los libros
Cuando pensamos en la palabra 'Historia', suelen venirnos a la mente reyes, batallas, tratados, descubrimientos. Los nombres son casi siempre masculinos, como si las mujeres hubieran estado ausentes del mundo hasta hace apenas unas décadas. Pero no estuvieron ausentes: estuvieron invisibilizadas. Ellas también hicieron historia, aunque no aparecieran en los libros. La historia de las maestras que alfabetizaron pueblos enteros, de las campesinas que sostuvieron la vida cuando los hombres emigraban, de las mujeres que organizaron redes de apoyo en tiempos de guerra y silencio. La historia de las abuelas que resistieron en la posguerra con creatividad infinita para que no faltara pan en la mesa, de las madres que educaron a sus hijas para que pudieran estudiar y tener un futuro distinto. En el mundo rural, cada piedra de un puente, cada campo cultivado, cada fiesta popular guarda la huella de esas mujeres que trabajaron en la sombra. Y en las ciudades, también: enfermeras, modistas, limpiadoras, sindicalistas, es - En la cara de la luna
Fue devastador perderla después de una larga lucha en la que ella combatió con bravura. La joven de Virginia Beach, que hizo honor a su nombre de raíces gaélicas: Carroll: «valiente en la batalla». Y aunque Reid estaba mentalizado para el adiós, no pudo evitar dejarse invadir por cierto estado de melancolía tras su partida, entregado a los recuerdos, como el de aquella sesión de cine al aire libre, a la luz de la luna, al inicio de su noviazgo. Mecidos por rumor de olas, veían a Tom Hanks clamando: «¡Houston, tenemos un problema!», a bordo de la Apolo 13. «Algún día yo sí miraré a la luna cara a cara, cariño, y no habrá problema ninguno». Y compartieron el sueño iniciando una familia juntos, mientras él se hacía piloto de pruebas y aviador naval y ella, además de dos niñas de cosecha propia, traía niños al mundo como enfermera pediátrica en varios hospitales arropándoles con la nana 'Lacy moon' de Laurel y Hardy para arrancarles una sonrisa. La misma que fueron perdiendo a medida que
13/03/1927 